PARTE 2: Activó el androide prohibido… y escuchó la voz de su padre muerto

El laboratorio subterráneo permanecía cerrado desde hacía más de diez años. Nadie tenía autorización para entrar allí, y los pocos que conocían su existencia evitaban siquiera mencionarlo. Decían que dentro descansaba el proyecto más peligroso jamás creado por la corporación Neuronix.
Un androide experimental prohibido.
Laura Méndez, una joven ingeniera especializada en inteligencia artificial, había escuchado historias sobre aquel lugar desde que comenzó a trabajar en la empresa. Su padre, el brillante científico Arturo Méndez, había liderado el proyecto antes de desaparecer misteriosamente durante una explosión en el laboratorio.
Nunca encontraron su cuerpo.
Durante años, Laura creyó que todo había terminado aquella noche. Pero algo seguía inquietándola. Antes de morir, su padre le había dejado un mensaje incompleto:
“Si algún día descubres la verdad… busca la unidad E-9”.
Aquellas palabras jamás salieron de su mente.
Una noche, incapaz de seguir ignorando sus sospechas, Laura descendió al viejo laboratorio usando credenciales antiguas que había encontrado escondidas entre los documentos de su padre.
El lugar estaba cubierto de polvo y silencio.
En el centro de la sala permanecía una cápsula metálica conectada a decenas de cables. Dentro descansaba el androide E-9, inmóvil, como si hubiera estado esperando durante años.
Sobre la consola principal aparecía una advertencia en rojo:
“NO ACTIVAR”.
Laura dudó unos segundos… pero finalmente apoyó la mano sobre el panel.
Las luces comenzaron a encenderse lentamente.
El sonido de motores llenó el laboratorio mientras el androide abría los ojos por primera vez en años. Laura retrocedió asustada.
Entonces ocurrió algo imposible.
—Laura… —dijo la máquina con una voz suave y familiar.
Ella sintió que el corazón se detenía.
Era la voz de su padre.
Las lágrimas aparecieron de inmediato mientras observaba al androide. No podía creerlo.
El sistema comenzó a explicar la verdad. Antes del accidente, Arturo había transferido parte de su conciencia y recuerdos al E-9 para proteger años de investigación. Sabía que la corporación planeaba usar el proyecto con fines militares, así que ocultó la información dentro del androide antes de desaparecer.
—Si estás escuchando esto… significa que encontraste lo que intenté salvar —dijo la voz.
Laura temblaba.
Durante años creyó haber perdido a su padre para siempre. Pero ahora una parte de él seguía viva dentro de aquella máquina prohibida.
Y mientras las luces del laboratorio iluminaban el rostro metálico del androide, Laura entendió que acababa de despertar algo mucho más poderoso que una inteligencia artificial: el último eco de alguien que se negó a desaparecer por completo.